¿Cómo afecta el estrés y la ansiedad a nuestro aparato digestivo?

    ¿Cómo afecta el estrés y la ansiedad a nuestro aparato digestivo?

    Ireneo de los Mártires, especialista en Medicina Interna colaborador del Hospital Viamed Montecanal, nos explica qué influencia tiene el estrés y la ansiedad en nuestra digestión y las consecuencias que esto puede tener en nuestra calidad de vida. Además, nos da algunos consejos para que llevemos una buena alimentación.

    Lo primero de todo tenemos que entender el concepto de estrés. En realidad se trata de un mecanismo de defensa común a todos los animales que permite resolver las dificultades que se presentan en la vida. Cuando ese estrés se convierte en algo crónico o las demandas del medio son excesivas y/o prolongadas  se puede superar la capacidad de resistencia y de adaptación del organismo de un individuo, generándose ansiedad y pasando de una situación de estrés natural y beneficioso a otra de distrés (que es lo que vulgarmente entendemos todos por estrés con esa connotación negativa del mismo). Los problemas laborales, los conflictos familiares y el ritmo de vida actual hacen que nos “estresemos”; es decir, que con frecuencia estemos en esa situación de adaptación que nos acaba superando.

     

    Este distrés o estrés negativo impacta directamente sobre el sistema digestivo. ¿Cómo lo hace? Influyendo en la liberación de una serie de hormonas como las catecolaminas y el cortisol que, aunque de manera puntual son beneficiosas para resolver esas dificultades de la vida, unos niveles elevados mantenidos en el tiempo van a afectar  al vaciamiento gástrico, a la motilidad intestinal y por tanto a la digestión y a la formación de las heces. Ello se traduce en digestiones pesadas, flatulencia (conocida como “gases”), movimientos intestinales acelerados (“retortijones”), molestias o dolor abdominal, estreñimiento o diarrea…etc. Además el cortisol también influye en el apetito lo que puede provocar un aumento de peso y una  mayor producción de glucosa que pueden conducir a una diabetes.

     

     

    El papel de la serotonina

     

    Otra hormona que juega un papel importante es la serotonina, también conocida como “hormona del bienestar” y que es liberada en un 95% a nivel del tubo digestivo. Actúa a muchos niveles, pero en lo que respecta a nivel digestivo, interviene aumentando la sensación de saciedad así como regulando la función y los movimientos intestinales. Pero el papel de la serotonina llega más allá; un déficit debido a un mal funcionamiento digestivo o a una mala alimentación va a influir en la calidad del sueño ya que es necesaria para la producción de melatonina, hormona clave en la regulación del ritmo vigilia/sueño. Pero donde su influencia es más importante es a nivel del estado de ánimo, la ansiedad y la felicidad. Este efecto se produce tanto de forma directa como por su asociación con otros neurotransmisores (la dopamina y la noradrenalina principalmente), muy relacionados con la ansiedad, el miedo o la agresividad.

     

    En resumen, un mal funcionamiento de nuestro aparato digestivo va a producir un fuerte impacto en nuestra calidad de vida.

     

    Patologías digestivas favorecidas por el estrés

     

    Las más directamente relacionadas con el estrés son el colón irritable, el estreñimiento y la dispepsia funcional, aunque hay otras patologías como los diferentes tipos de enfermedad inflamatoria intestinal, reflujo gastroesofágico, la pirosis o ardor de estómago, la ulcera gastroduodenal, el espasmo esofágico o pilórico que si bien el estrés no es un factor etiológico directo sí puede precipitar o influir en su evolución.

     

    Tampoco debemos olvidar procesos infecciosos a nivel digestivo, ya que el estrés también influye negativamente en el sistema inmunitario (mecanismos de defensa) del organismo.

     

    Estilo de vida y alimentación

     

    Además de la influencia directa del estrés sobre el aparato digestivo, el ritmo de vida actual va a afectar de forma muy negativa en algo tan importante para nuestro organismo como es la dieta. Por un lado, el poco tiempo que dedicamos a una adecuada alimentación, el comer a deshoras, sin ninguna regularidad y en ocasiones recurriendo a alimentos poco saludables como comida rápida, precocinados e incluso a la llamada “comida basura”, va a influir sobre nuestra salud, favoreciendo la obesidad y la aparición de enfermedades metabólicas como la diabetes, la hipercolesterolemia o la hipertensión arterial.

     

    No sólo es esa vida ajetreada la que nos lleva a comer mal. Las modas sociales que nos inducen a realizar diferentes tipos de dietas “milagro” en un mal entendido culto al cuerpo, como son dietas cetogénicas (ricas en proteínas y con mínima cantidad de hidratos de carbono), disociativas (no mezclan alimentos básicos en la pirámide alimentaria aunque sí tomar grandes cantidades de uno de ellos) que lejos de favorecer a nuestro organismo influyen de una manera negativa y poco saludable sobre él, produciendo estreñimiento, flatulenica, distensión abdominal, patologías biliares y hepáticas…

     

    Consejos

     

    Me parece clave que nuestra actividad diaria por muy frenética que sea, no interfiera en una dieta saludable y mucho menos las corrientes de moda o ese  falso culto al cuerpo al que me refería antes.

     

    Respecto a la dieta el primer punto es hacer una correcta distribución de las comidas. Debemos acostumbrarnos a realizar  un mínimo de tres comidas al día, aunque lo ideal sería hacer cinco.

     

    En segundo lugar tenemos que dedicar tiempo para cada una de las comidas y no dejarlas al azar del día. La comida mas importante es el desayuno debiendo ser la más rica a nivel energético, justo lo contrario de lo que solemos hacer. Tenemos que intentar levantarnos con la suficiente antelación para hacer un desayuno reposado a base de hidratos de carbono, lácteos y fruta, todo ello con una correcta masticación y un pequeño reposo posterior. El almuerzo o comida del medio día debe ser moderada tanto en cantidad como en calorías para que nos ayude a mantener la actividad diaria y sea fácil de digerir. Por contra la cena ha de ser ligera y separada del momento de acostarse. Si a todo esto le añadimos tentempié a media mañana y media tarde a base de un lácteo o una fruta estaríamos haciendo una dieta muy saludable.

     

    Otros consejos genéricos en lo que a la dieta se refiere serían intentar no mezclar gran cantidad de alimentos, máximo 4-5 por comida. No abusar de la carnes rojas y quitar la piel de las carnes blancas. No tomar demasiados líquidos durante las comidas (máximo un vaso de agua), haciéndolo preferiblemente antes de comenzar a comer para aumentar la sensación de saciedad y bebiendo abundante agua entre comidas. Hay que evitar alimentos picantes o irritantes. y moderar la ingesta tanto de alimentos azucarados (especialmente los de absorción rápida) como de grasas saturadas.

     

    Y, además de la dieta, tenemos que buscar tiempo para el ocio y para el ejercicio físico saludable, lo que también influirá positivamente en nuestro aparato digestivo.

     

     

    doctor ireneo de los martires

     

     

    Dr. Ireneo de los Mártires

    Especialista en Medicina Interna

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